MARIPOSA DE LUTO

A la memoria de Fabiola


Sí, yo recuerdo tu funeral. La mañana estaba fría y el cielo nublado. El día estaba como diciéndonos que también se sentía triste por tu inesperada partida. Todos a mi lado llorando desconsolados y tu cuerpo inerte dentro de esa caja, todavía no me atrevo a decir el nombre porque me produce escalofríos. Estoy ahí viendo tu cara a través del cristal y me parece un mal sueño. Uno de esos que se quedan inyectados en la memoria y son difícil de borrar, a esos en los que lloras porque llegas a sentirlo tan real que lo vives, pero por desgracia estoy despierta.


En ese momento, quise tener poder para darle vuelta atrás al tiempo, una varita mágica para hacer volar a la mariposa de colores que se ha quebrado el ala o un control remoto para ponerle un stop al destino y cambiarlo porque realmente es injusto. En ese instante sólo tenía ganas de revivirte y entonces pataleé, grité y no pasó nada. Me di cuenta que no existe súplica que te haga volver y tampoco abrazo ni recuerdo que alivie el sufrimiento.


Mientras tanto están las dudas y las preguntas sin respuestas flotando en el aire. Todo pasó de prisa y el dolor es grande. Es completamente inexplicable el sentimiento que te embarga.


En la iglesia, hubo un momento en el que mi mente divagaba. Se perdía entre los últimos recuerdos que viví contigo y se volvía incrédula. Estaba desorientada. Me olvide de Dios, fue horrible, pero sucedió porque no estaba razonando.


-¿Te acuerdas? Tú me veías cuando las lágrimas me corrían disimuladamente por el rostro y las secaba porque como sabes, tu amiga ni en los peores momentos deja de ser la hipócrita emocional, la que odia desplomarse en público. Ese día, sólo tú sabías que por dentro me estaba rompiendo en pedazos. Una vez más, estaba tu mano sosteniendo la mía. Como siempre mi amiga fiel, mi ángel de la guarda.


Ahora, no entiendo por qué quieres que te cuente todo esto, sí sé que tú pudiste presenciarlo. Sentí tu perfume y vi tu espíritu acercándose a cada uno de nosotros. No pude escuchar, pero me acuerdo que susurraste unas palabras al oído de tu padre y hay quienes vieron tu rostro en algunos de los presentes.


No, no me digas nada. Sé que pude haber alucinado. Quiero quedarme con ese ‘no sé qué mágico’ que tal vez, mi mente creó por la sensación de dolor que experimentaba mi ser. Quiero quedarme con ese rayito de luz que apareció ante mis ojos aquel día nublado en el cementerio.


Sé que todos partiremos algún día, pero jamás pensé que tú te fueras a ir tan rápido y menos así, sin poder despedirte. Me parece mentira que haya una rosa blanca posando sobre la tumba donde reposan tus restos. Tu cuerpo no está, pero tu imagen permanecerá grabada en mis ojos.


Mando un beso al cielo.